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sábado, 19 de septiembre de 2026

A MI HERMANA CARMENZA

CON CARMENZA

A MI HERMANA CARMENZA.

Hoy, 19 septiembre hace un año de tu partida al territorio de la eternidad. Un año desde que emprendiste ese viaje hacia tu nueva casa, esa casa que ya conocíamos pero que no recordábamos, esa que quiero imaginar cerca de la mía, porque estoy convencido de que, en algún momento, cuando corresponda, volveremos a encontrarnos.

Parece mentira cómo vuela el tiempo. Y quizá lo más triste sea comprobar lo poco que, a veces, sabemos aprovecharlo. Nos faltan horas para querernos más, para decirnos lo que sentimos, para abrazarnos sin motivo y para guardar esos pequeños instantes maravillosos que, al final, son los que verdaderamente construyen una vida.

Hoy recuerdo nuestra infancia. Una infancia difícil en algunos momentos, pero, dentro de lo que cabe, dichosa. Éramos niños creciendo, aprendiendo a vivir casi sin darnos cuenta, descubriendo poco a poco este extraño mundo hecho tantas veces de razones sin razón.

Ha pasado un año y todavía me resulta increíble pensar que ya no escucharé aquellos audios que me enviabas. Me contabas cómo estabas, cómo iba tu salud, tus preocupaciones, tus días… Pero también me hablabas con enorme orgullo de tus hijos y de tu marido.

Y hoy quiero decirte algo, Carmenza.

Puedo certificar, ahora más que nunca, que tenías motivos de sobra para sentirte orgullosa. Tus hijos son una joya. Son maravillosos. Han crecido aprendiendo de la vida y, sobre todo, aprendieron muy bien de ti. Me encantan y me emociona descubrir en ellos tantas cosas que hablan de la mujer y de la madre que fuiste.

Y tu marido sigue adelante. Es un gran hombre, una persona humilde, cercana, siempre dispuesta a encontrar una sonrisa incluso cuando la vida aprieta. Continúa caminando con ese coraje necesario para levantarse cada mañana, aunque tú le faltes. Dentro de lo que cabe, está bien. Y sé que también en él tu recuerdo permanecerá para siempre.

Porque hay personas que se marchan, pero no desaparecen.

Permanecen en una fotografía, en una palabra, en una canción, en un gesto inesperado, en una conversación que recordamos de repente o en ese instante en que cerramos los ojos y somos capaces de regresar muchos años atrás.

Por eso hoy te mando, allí donde estés, esta fotografía tomada en La Faya, Villa de Mazo, allá por 1978.

Mírala bien, Carmenza.

Éramos nosotros.

Éramos jóvenes, teníamos casi toda la vida por delante y seguramente no sabíamos lo rápido que iba a pasar.

Y ahora, tantos años después, comprendo que la verdadera eternidad quizá consista precisamente en eso: en permanecer vivos en el corazón de quienes nos quisieron.

Hoy hace un año que te fuiste.

Yo sigo por aquí, caminando, aprendiendo y recordándote.

Y tranquila, hermana… NO LLORES  pinchar sobre el enlace.

No ha llovido tanto desde aquella fotografía, porque el diluvio bueno todavía está por llegar.

(Risas).

Hasta que volvamos a encontrarnos.

Un abrazo enorme, Carmenza.
Allá donde estés.

Tu hermano, Arturo Yanes
EL APRENDIZ