El color de la vida,
después de las espinas,
es más intenso,
más verdadero,
más nuestro.
Cuando el sol se alza radiante
y cuando el día amanece oscuro,
la vida —caprichosa y valiente—
sigue siendo maravillosa.
No hay nada como respirar
el aire perfumado de la rosa en primavera,
dejar que su aroma nos recuerde
que incluso lo frágil
sabe defender su belleza.
Degustar los sabores que dejan huella,
que se quedan tatuados en el paladar
como memorias dulces
de instantes que no volverán,
pero que fueron eternos.
Y cruzar, al fin,
la puerta que un día estuvo cerrada
“porque sí”,
porque no era el momento,
porque antes había que aprender
a florecer entre espinas.
La vida es un lujo silencioso,
un regalo envuelto en días comunes
que brillan cuando sabemos mirarlos.
No hay que desaprovecharla.
Estar vivo,
respirar,
sentir el pulso bajo la piel,
es motivo suficiente
para agradecer
cada amanecer. 🌹
A.Y

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