miércoles, 23 de mayo de 2018

La SOLvencia MORAL de un homBRE






No soy economista, pero sé distinguir entre "liquidez" y "solvencia". ¿Económica o moral? Tiene liquidez económica quien dispone de dinero inmediato para hacer una compra o para hacer frente a un pago, aunque a largo plazo no sea solvente.
Tiene solvencia económica, es solvente económicamente, quien denota poder adquisitivo a largo plazo.


Imagina que yo fuera indigente total, y que me encuentro 100 €, tengo liquidez económica para comprarme todo aquello que valga, en conjunto, menos de 100€, pero seguiré siendo económicamente insolvente.


El solvente puede no tener liquidez, pero cuenta con recursos, propiedades, bienes, que respaldan su poder adquisitivo a largo plazo.


Imagínate igualmente que yo, por ejemplo, estoy muy flojo de ambos. Mis euros disponibles, ahora mismo, no son muchos y mis posesiones, capaces de ser convertidas en dinero, tampoco, como tampoco soy solvente con mi sueldo mensual, pero los bancos, teniendo en cuenta mi "solvencia moral", podrían atreverse a concederme un crédito económico. ¡Digo yo ¡

El banco, por ejemplo, mirará con lupa no tu liquidez, sino tu solvencia, tu capacidad de devolución, en el futuro, del crédito que estudia otorgarte o no.


El corto plazo de la liquidez contrasta con el largo plazo de la solvencia.Y, después de esta lección de economía, vayamos a lo que quería contar.


La "solvencia moral", que es el conjunto de cualidades que hace que una persona sea digna de confianza, que se pueda "con-fiar" en ella, "tener fe en ella", "creer en ella", ser "digna de crédito", ser "de fiar".

Hay hombres que, teniendo solvencia económica para mantener dignamente a su familia, no tienen solvencia moral para hacerlo y no lo hacen. Igualmente hay hombres que a pesar de tener solvencia económica y firmar un contrato de servicios de asesoramiento inmobiliario y trabajo específico. Llegado el momento de pagar la factura con el trabajo culminado impecablemente les da exactamente igual NO cumplir su palabra ni su firma. “NO PAGA”

Y, al revés, hay personas que tienen solvencia moral, pero no solvencia económica. El "solvente" es el que merece crédito y, al decir crédito, me refiero tanto a crédito-dinero como a crédito-confianza.

El solvente moral es el que es capaz de cumplir una obligación, un cargo, una responsabilidad, un contrato firmado entre partes, cuidadosamente, celosamente. Por eso se confía en él.

Yo, que soy un "filo-sofo" (amante, deseoso, ávido, de saber) tengo una alta estima de la amistad, porque los amigos son siempre un capital asegurado del que puedes disponer.

No es igual "creer a" una persona, que "creer en" un amigo. No es igual "creer lo que una persona dice", hacer caso de su palabra, que "creer en" la persona del amigo, porque en éste va incluida, en el mismo kit, su persona, lo que es, mientras en aquél, sólo la palabra, lo que dice.

Del que se pueda decir que es voluble, que "donde dije digo, digo Diego", del que cambia de opinión y no puedes fiarte ni de su palabra, ¿Cómo va a ser un amigo?, ¿cómo vas a fiarte de él, de su persona?
Quien ni de su palabra puedes fiarte, de quien no tiene ni siquiera liquidez moral, ¿cómo vas tú a darle crédito?, ¿Cómo va a tener crédito moral ante ti?.



¿Cuántas veces has dicho de alguien que te ha defraudado o traicionado? Yo creía que era un amigo", te había mostrado "liquidez moral" en aquel viaje que hicisteis con él, había sido un buen compañero" de viaje.

Un amigo nunca te defraudaría, ni te engañaría, ni te traicionaría, porque un amigo tiene "solvencia moral", y, si no, no es amigo.

Por eso los amigos son "pocos", pero "muy amigos", tú no puedes ni dar muchos "créditos" (serías un "primo") ni recibir demasiados "créditos" (serías un "vanidoso").

Yo soy "moralmente solvente". Mis amigos son pocos, pero suficientes para sentirme orgulloso de saber que ahí están siempre cuando los necesito igual que ellos lo saben de mí.

A esos hombres que resulten faltos de crédito moral, difícilmente pueden conseguir que alguien le conceda la amistad, que precisamente está basada en ese crédito que pueda aportar como aval de su solvencia moral.



Vivencias de la vida diaria de un Inmobiliario llamado Arturo al que le enamora su profesión de responsabilidad y buen hacer sin poner coto al tiempo invertido ni al esfuerzo necesario, todo a pesar de que a veces se nos cruzan personas indeseables y tramposas. 
AY.

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