martes, 31 de marzo de 2026

Reflexión Profesional Inmobiliaria

 

Arturo Yanes

Más cantidad no es más profesionalidad: una reflexión desde más de 30 años de experiencia inmobiliaria

Después de más de treinta años ininterrumpidos en el mercado inmobiliario, con más de 2.500 operaciones cerradas con éxito y habiendo atravesado varias de las crisis más duras que ha vivido el sector, considero que tengo la responsabilidad de expresar una reflexión crítica sobre la situación actual de la profesión. No hablo desde la teoría ni desde la improvisación, sino desde la experiencia real, sostenida en el tiempo, en mercados expansivos y en mercados profundamente adversos.

El sector inmobiliario vive hoy una paradoja evidente: nunca han existido tantas franquicias y agencias como en la actualidad, y sin embargo, la percepción social de la profesión no ha mejorado en la misma proporción. La facilidad para abrir una agencia y la expansión masiva de modelos de franquicia han generado una sobre-saturación del mercado. El problema no es la competencia —la competencia profesional eleva el nivel—, sino la falta de preparación, de formación rigurosa y, en demasiados casos, de ética y lealtad hacia la profesión.

Gestionamos el patrimonio más importante de las personas: su vivienda. Sin embargo, una parte del sector opera sin la preparación jurídica, fiscal y técnica adecuada. Se captan inmuebles con valoraciones irreales para ganar exclusivas, se prioriza la comisión inmediata frente al asesoramiento honesto y se generan expectativas que luego perjudican tanto a propietarios como a compradores. Estas prácticas no solo dañan al consumidor; erosionan la credibilidad de todos los profesionales que trabajamos con rigor y vocación de servicio.

He vivido ciclos de expansión desmedida y también crisis profundas que pusieron a prueba la solidez de las empresas y la ética de quienes las dirigían. En los momentos difíciles es cuando se distingue al profesional comprometido del oportunista. Y es precisamente en esos contextos donde el sector demostró su fragilidad estructural: falta de regulación homogénea, ausencia de estándares obligatorios de formación y una representación excesivamente fragmentada.

Existen numerosas asociaciones inmobiliarias, cada una con su propia estructura y discurso, pero sin una estrategia común verdaderamente transformadora. Sobran siglas y faltan iniciativas potentes, reales y valientes que impulsen un cambio profundo. Necesitamos menos dispersión y más unión. Unir la fuerza del sector no significa uniformidad, sino coordinación y visión compartida.

Es imprescindible establecer requisitos claros de acceso a la profesión, formación continua obligatoria, códigos deontológicos efectivos y mecanismos reales de supervisión y sanción de malas prácticas. Solo así podremos garantizar la protección del consumidor y dignificar verdaderamente la profesión.

Después de tres décadas de ejercicio continuo, puedo afirmar que el inmobiliario es una profesión noble cuando se ejerce con preparación, ética y responsabilidad. Pero para progresar con garantías, tanto para los profesionales como para la clientela, debemos priorizar la calidad frente a la cantidad, la cooperación frente al individualismo y la profesionalización frente a la improvisación.

El futuro del sector no depende de tener más oficinas abiertas, sino de tener mejores profesionales unidos bajo principios sólidos. Solo así podremos recuperar y fortalecer la confianza que la sociedad deposita en nosotros.

 

Saludos. A.Y 

 

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