lunes, 29 de junio de 2026

EL DESIERTO

 

EL DESIERTO

Como si no existiera. Como si no respirara, ni caminara con la firmeza de sus propios pasos, el joven fue apartado de la convivencia con hermanos, primos y buena parte de su familia. También algunos amigos desaparecieron, diluyéndose en el silencio de las ausencias.

Las alas de la soledad regresaron una vez más para llevarse el último polvo del camino, ese que aún conservaba el recuerdo de lo vivido. Sin embargo, el anhelo por la vida jamás abandonó su corazón.

Porque el desierto, aunque parezca un lugar inhóspito, enseña a caminar con mayor verdad. Allí se piensa mejor. Se escucha el alma sin interferencias. Se avanza más ligero, liberado del peso de la mentira, de la hipocresía y de la mala fe.

El joven sobrevivió a aquello de lo que muchos jamás logran regresar. No murió. Eligió vivir.

Con valentía se apartó de la mediocridad, del ruido estéril y de la lanzadera de serpientes que alimentan el veneno de los resentimientos.

Y comprendió que, a veces, el desierto no es un castigo, sino el lugar donde la dignidad aprende a florecer. Porque solo quien ha sido capaz de atravesar la inmensidad de la soledad sin perder la bondad de su corazón descubre que la verdadera victoria no consiste en vencer a los demás, sino en no dejar de ser uno mismo.

 Un abrazo. A.Y 

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