Pienso en esa mujer que besa como si el mar fuera a
Desbordarse, que siembra su sonrisa en mi piel con la
altivez de
la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en esa mujer, dócil a mis ojos, fiel, plena, íntegra.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en esa mujer que inventa soles, aguas de seda al
tacto
y una verdad sencilla para amarme.
Esa mujer cierta, inconstante, mía.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros
desafíos.
Pienso en esa mujer que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello negro que me inunda en un pleamar de pétalos y
trinos.
Esa mujer:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en esa mujer y hay aroma en la música y color en el
aroma, claveles recién abiertos y flores níveas en mis sueños.
Pienso en esa mujer que sabe hacer de su prado, espacio y
tiempo aprendido
todo el amor que lleva escondido de tantos años sufridos.
Pienso en esa mujer que sabe huir a tiempo de los roedores
que encuentre en el camino
y con los dientes afilados le roben el sueño que tiene
conmigo.
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